no es noche la negrura
tras las patas del somier
yo, conocedora de causa
de todas las oscuridades,
traspaso los cuarenta pisos
como presa indultada
un segundo demasiado tarde
¡qué liviano era el cuerpo!
allá flota, maravilla, mientras caigo
cuarenta nidos de algodón egipcio
sin olor a tu niñez
ni ronquidos de marido
NATALIA DOÑATE










